Marzo de 1937, San Francisco. El Inspector Collins acude a la escena de un crimen. La víctima es Jack Shermann, un tipejo acostumbrado a los bajos fondos, habitual de las partidas de cartas clandestinas, con algún asunto turbio entre manos y que tenía tantas cuentas pendientes que será difícil averiguar quién ha decidido matarle.