Fernando y Román se confiesan (Segunda parte)

La Confesión es un cómic que da para mucho, igual que la entrevista que le hicimos a sus autores, Román y Fernando. Si no habéis leído todavía la primera parte os recomendamos hacerlo (podéis encontrarla en este enlace) antes de seguir con esta.

Seguro que ya todos sabéis que la protagonista de La Confesión es una chica que se dedica a hacer sesiones eróticas de webcam. Como es algo que le gusta pero que no se atreve a contar decide confesarse a través de un cuaderno anónimo que después deja en su instituto. A partir de esta confesión ella y sus amigas descubren secretos del pueblo que nunca se hubieran imaginado…

Aquí tenéis más secretos de Fernando y Román. Y si todavía no sois los orgullosos poseedores de este cómic no esperéis más, podéis comprarlo aquí mismo sin gastos de envío o en vuestra tienda de cómics favorita.

Pregunta: ¿Cómo ha sido la documentación de la obra?

Román: Quizá es la obra para la que menos me he documentado. El hecho de que incluso la ciudad sea una ciudad indeterminada, con monte y árboles donde conviene que los haya, campus universitario donde conviene que lo haya y de la forma que requiere la historia y un colegio con las características que exige el relato, ha hecho que la labor que suele ser de documentación pase a ser una labor de imaginación.

Esto me ha quitado bastante presión y me ha permitido relajarme y disfrutar más del proceso y del placer de inventar. Además, el hecho de no sujetarse a localizaciones reales también abre la puerta a que otras cosas sean también inventadas, como, por ejemplo, los uniformes de la escuela, que al final no han hecho más que ajustarse a aquello que necesitábamos o queríamos. En general, la mayor parte de la documentación de este proyecto ha recaído sobre Fernando y su fase de guion.

Viñetas La Confesión

Fernando: Perturbadora en general jajajajaja. No tanto por la parte de las webcams eróticas y cómo funcionan, sino por todo lo relacionado con los cultos herméticos y cómo se relacionan sus miembros y con su entorno más inmediato. A mí personalmente me parecen apasionantes ambos mundos, el primero por todo el debate que existe en torno al trabajo sexual y si pueden existir de verdad situaciones en las que las mujeres lo ejercen con control absoluto o al final siempre hay algún riesgo o una motivación que de algún modo esclaviza. Y el segundo por todo el halo de misterio, la dificultad de comprender del todo ese mundo y lo fascinantes que me resultan esos ritos.

P: Román, tu estilo de dibujo ha evolucionado mucho desde que participaste en Sangre en el suelo. ¿Tienes un estilo muy definido o tienes varios? ¿Por qué escogiste este estilo para La Confesión?

R: Una vez eché una carpeta con distintos dossieres de proyectos míos en la cubeta de una editorial en la zona de entrevistas profesionales del Salón del Cómic de Barcelona. Esa editora me concedió una entrevista, no porque estuviera especialmente interesada en comprarme ninguno de los proyectos, sino porque no terminaba de creerse que todos esos estilos diferentes fueran de una sola persona y quería corroborar que fuera así.

Cualquier editor o representante probablemente te dirá que debes escoger un estilo y machacarlo hasta perfeccionarlo y que sea reconocible a simple vista, que es mejor que dispersarse en distintos estilos que no vas a controlar del todo. Estoy convencido de que tendrán toda la razón del mundo, pero yo necesito variar; de lo contrario, me aburro, y uno no se mete en una profesión como esta, a la que tanto cuesta acceder y en la que tanto cuesta mantenerse, para acabar aburriéndose.

Además, soy de la opinión de que cada proyecto tiene su estilo ideal (y quizá dos o tres que, no siendo el ideal, pueden irle bien), y siempre intento acercarme al estilo que creo que requiere el proyecto que voy a afrontar. Para La Confesión le propuse a Fernando que tiráramos por un rollo más cartoon, más desenfadado, no solo porque si me hubiera decantado por el hiperrealismo aún estaría entintando la página 17, sino porque desde el primer momento lo visualicé más o menos así; entendía que un estilo desenfadado y sencillo equilibraría bastante bien el tono tan crudo e incómodo de algunas de sus partes. Fernando resultó tener la misma idea, y nunca nos hemos atascado mucho en cosas como esta: o ambos somos muy flexibles o nuestra forma de visualizar los proyectos no se distancia mucho.

Entendía que un estilo desenfadado y sencillo equilibraría bastante bien el tono tan crudo e incómodo de algunas de sus partes.

P: ¿A qué libros, cómics o películas habéis acudido para inspiraros en esta obra?

R: No recuerdo si fue Fernando quien me pasó la referencia y yo resultaba estar pensando en el mismo estilo, o si fui yo quien le sugerí la referencia y era él quien tenía lo mismo en mente, pero el caso es que mi punto de partida (ojo, no necesariamente el estilo final, sino del que partí hasta encontrar el estilo que acabé desarrollando finalmente) fue Agujero Negro de Charles Burns. Pensé que si yo dejaba el proyecto y tenía que proponer a un sucesor solo se me ocurría él (aunque probablemente estaría liado en alguna otra cosa); tenía algún que otro cómic en mi estantería cuyo estilo me pegaba y que podía ser un término medio, como Hablando del diablo de Berto Hernández. Ambos eran estilos de blanco y negro puros, que era lo como lo queríamos hacer, y con ese estilo inocente que oculta algo turbio, ya sea a nivel de guion o leyendo entre las líneas del dibujo (si encontráis una sonrisa en Agujero negro que parezca inocente, por favor, pasadme un pantallazo, que eso lo quiero ver).

F: Efectivamente, estuvimos viendo cosas de Burns y también el Balas perdidas de David Lapham para tratar de encontrar soluciones estéticas. En cuanto a la historia me fijé en cosas muy diferentes, sobre todo en el cine de gente como Takashi Miike por ese punto de provocación constante. 

P: Teníais muchas ganas de trabajar juntos después de algunos proyectos que no salieron. ¿Cómo ha resultado el trabajo en equipo después de la espera? 

Viñetas Sangre en el suelo
Aportación de Román a Sangre en el suelo.

R: Parecerá raro, pero yo ya ni tenía conciencia de que no habíamos trabajado juntos en un proyecto entero, en que solo estuviésemos los dos, un cómic únicamente nuestro. Fernando y yo llevamos ya unas cuántas colaboraciones juntos a nivel de dossier y alguna que sí ha salido a la luz, como Sangre en el Suelo, y a estas alturas, para mí es como si llevásemos desde siempre haciendo cómics juntos; solo de vez en cuando me sorprendía pensando que no, que este era nuestra primera obra juntos. Por lo demás, la forma de trabajo ha sido la misma pero con mayor prolongación en el tiempo: nos entendemos muy bien, acepta la mayoría de mis cambios, de vez en cuando discutimos algún aspecto en que no estamos de acuerdo y la cosa se acaba resolviendo sin sangre de por medio, lo cual es de agradecer.

F: Para mí trabajar con Román supone una paz absoluta, cualquier discrepancia (que suele haber muy pocas) se soluciona con buen tono, el ritmo de trabajo es siempre muy rápido y el cómo nos entendemos es algo realmente complicado de conseguir. Al final, después de llevar varios años sin parar de hacer propuestas y más propuestas de cómic con un montón de dibujantes diferentes, de lo que me doy cuenta es de que lo que verdaderamente importa y consigue mejores resultados es que haya sintonía, un entendimiento entre las partes y un ánimo por poner por encima de todo a la obra y dejar al margen los egos o las luchas intestinas. Y todo eso es complicado de conseguir y creo que Román y yo lo tenemos. Es una suerte.

Retrato de Fernando y Román

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *